El valor de escuchar…

Carmnen_ArayaEl terremoto ocurrido el 27 de febrero en nuestro país, nos ha impactado a todos profundamente y nos pone de manifiesto la vulnerabilidad en la que quedamos como seres humanos, haciéndonos perder el equilibrio ya sea físico, emocional, social y/o laboral, necesario para sobrevivir y prosperar.

Dado lo inesperado del evento, el nivel de intensidad y falta de preparación para afrontar una catástrofe de esta magnitud, gran parte de la población chilena, lo ha vivido y continúa vivenciando con las réplicas sísmicas posteriores, como un acontecimiento traumático para sus vidas.

El trauma es un evento repentino, ajeno a la experiencia normal que interfiere o paraliza a la persona impidiendo que pueda continuar habitando sus espacios cotidianos de manera habitual. Es una experiencia que genera impotencia, indefensión y paralización, las personas no pueden pensar claramente durante y después del evento, aunque están obligadas a enfocar su conciencia tratando de recuperar la calma y el equilibrio.

La catástrofe ha creado en la población un sentimiento de temor y vulnerabilidad. Muchas personas de las zonas afectadas experimentan la sensación de que el mundo no es un lugar seguro ni predictible, se ha provocado un cese de la mayoría de las funciones de la comunidad, impidiendo a los servicios locales hacer sus deberes y evitando que comunidades adyacentes puedan enviar ayuda. La vivencia de soledad y aislamiento aumenta la angustia, el sentimiento de indefensión y la impotencia.

¿Qué podemos hacer para ayudar a las víctimas después del trauma?

Cada persona procesa las vivencias traumáticas de manera distinta. Las personas necesitamos contactarnos con lo que nos sucede y sentimos para comunicarnos y comprender lo que sienten otros que están sufriendo para apoyarnos como comunidad en donde sea que estemos.

Una de las mejores maneras de ayudar a una persona es simplemente disponer de una escucha activa y hacerles sentir que se está allí para acompañarles y acogerles en sus vivencias, recuerdos, el duelo por las múltiples pérdidas y la reconexión con el mundo, aceptando los cambios que el trauma trajo a su vida.

La escucha activa permite percibir no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que está diciendo. Para llegar a entender a alguien se precisa de empatía, es decir, tener la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, sin interrumpir, juzgar o minimizar lo que la persona vive o siente. Expresiones como “no te preocupes, eso no es nada, lo que le paso a ellos si que es grave” no ayuda a que las personas puedan sentirse acogidas. Lo más importante es escuchar con atención y seguir sus relatos. Escuchar activamente implica abrir el corazón y contener las emociones de los demás, atender y entender sus motivos.

En estos momentos no sólo se requiere ayuda material sino también de vínculos humanos cálidos y comprensivos que ayuden a sobrellevar el dolor, algo que muchas personas podemos hacer para afrontar las consecuencias derivadas del desastre natural y social que afecta a nuestro país.

Brindar apoyo a las víctimas es fundamental para que las personas puedan retomar sus vidas. En DOMOS trabajamos apoyando a mujeres que viven violencia, otra forma de desastre humano cuyas secuelas son tanto más graves como las generadas por el cataclismo que asoló a nuestro país. En estos procesos de acompañamiento, hemos aprendido el valor que tiene escuchar y acoger a quienes sufren como parte del proceso de sanación. Reconocerse humanamente en la relación con otros permite curar las heridas, levantarse y continuar con el curso de la propia vida.

Algunas recomendaciones a tener presente para escuchar en forma activa:

  • Centre su atención en la persona a la que usted escucha y acoge. Recuerde que en ese momento no hay nada ni nadie más importante que ella.
  • Realice preguntas abiertas en un tono cálido y cercano (qué le pasó, cómo lo vivió, que sintió, con quién estaba, etc.).
  • Póngase en el lugar de la persona. Escuche con los oídos pero también con el corazón, los ojos y sentidos.
  • Preste atención a lo que la persona comunica con su cuerpo, su expresión, sus tonos de voz, sus pausas y silencios. Siga el relato, no se oponga o esté de acuerdo con el tema, sólo deje que se exprese.
  • Si la persona lo requiere entréguele información y ayúdela a ver los potenciales apoyos familiares, de amistades, del vecindario u otros que les pueden colaborar a salir adelante.
  • Agradézcale la confianza al compartir sus experiencias y dolores, y deje abierta la posibilidad de un diálogo futuro.

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