Hombres y violencia hacia la mujer

Foto 1Olga Huerta Olguín ocupa el lugar 47 de la lista de femicidios conocidos durante este año, lo que la propia Presidenta de la República Michelle Bachelet calificó hace algunos días  como “una realidad que debiera avergonzarnos como país” y que ciertamente concurre a ubicar a Chile a nivel de desarrollo humano como un país estancado en equidad de género e igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

A la cifra de femicidio debe agregarse que alrededor de un 30% de los hombres se quitaron la vida luego de perpetrar el hecho y otros tantos resultaron con lesiones de mayor y menor gravedad, sin contar el enorme costo tangible e intangible en dolor humano para los/as hijos/as, familia y entorno social.    

La envergadura y complejidad del problema, no obstante los avances que se constatan en la materia, demanda, de mayores esfuerzos de articulación y complementariedad de los diversos niveles de la respuesta pública, con la sociedad civil y la inclusión del sector privado, así como ampliar el alcance, el marco de comprensión y mejorar la calidad en los ámbitos de protección, provisión de servicios y prevención en violencia hacia las mujeres.

En estos desafíos se inscribe el abordaje del problema con los hombres que ejercen violencia hacia su actual y ex parejas y tanto o más importante, la prevención del abuso en la construcción masculina y su ejercicio de relaciones con las mujeres, la familia, los pares y el entorno.

Este abordaje desde una perspectiva de reeducación y socialización es clave, como también, mejorar la respuesta judicial, toda vez que si los hombres que violentan a sus actuales o ex parejas no se responsabilizan de su comportamiento, ellos reproducirán el abuso en futuras parejas y a lo largo de la vida.

Para DOMOS, una de las dificultades en Chile y probablemente en la región ha sido la respuesta del modelo biomédico que refuerza la creencia del comportamiento abusivo de los hombres contra las mujeres como una patología mental o como problema psicológico derivado de la historia familiar de infancia o de factores como el alcohol, drogas y cesantía, cuando en lo fundamental es un problema social de origen cultural que mantiene vigente en la identidad masculina el poder, el control, la jerarquía, y la violencia.

En un contexto de necesario avance hacia una política de Estado en violencia contra las mujeres en la familia y la pareja, así como del advenimiento de nuevas autoridades políticas y de gobierno en 2010, parece oportuno profundizar el conocimiento, debate, balance y aprendizaje de intervenciones con los hombres.

La violencia de género, no sólo trae menor acceso a oportunidades de desarrollo, infelicidad, enfermedad y muerte a las mujeres, su alcance se proyecta a los hijos e hijas, familiares, entorno laboral y comunitario. Para los propios hombres implica el riesgo de enfrentarse al sistema judicial, pérdida de trabajo e inestabilidad laboral, malestar emocional por ruptura familiar y como hemos presenciado, muchas veces, la muerte y el daño físico en la comisión del acto femicida.  El cambio cultural requiere de respuestas diferenciadas que no soslayen el desafío de la integralidad y la inclusión.

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